Portitxolet: los minis más monos
Portitxolet: pequeños destellos que cuentan historias
Hay colecciones que nacen sin hacer ruido, como si ya existieran desde siempre. Portitxolet es una de ellas. Quizá porque está inspirada en esos rincones tranquilos que todas tenemos: un porche al atardecer, el sonido del mar mezclado con un poco de brisa, los colores que se vuelven más suaves cuando el sol baja.
Mientras tejía cada rombo, pequeñito, paciente, cristal a cristal, pensaba en eso: en la calma, en el Mediterráneo cuando se vuelve pastel, en los detalles que nos acompañan sin pedir permiso.
Portitxolet es así: delicada, cómoda y muy yo.
Cristal Miyuki, colores soñados y aros que no fallan
Cada pieza de Portitxolet está tejida con cristal Miyuki, ese material que siempre me sorprende por su precisión, su brillo y su forma limpia. Me encanta cómo se comporta la luz en estos rombos: un toque sutil, nada exagerado, pero lo justo para que la pieza destaque sin tener que hacer ruido.
Los aros son de acero inoxidable, para que puedas llevarlos cada día sin preocuparte por nada: resistentes, ligeros y perfectos para combinar.
Los colores… ay, los colores. He escogido tonos que me recuerdan a esas pequeñas calas secretas, a los suelos pintados de las casas antiguas, a las sombras azules y rosadas que deja la tarde sobre el agua. Son joyitas pequeñas, pero con alma.
Cómo nació Portitxolet
Portitxolet empezó como un experimento una tarde tranquila: una paleta de colores abierta, un aro dorado, y ese rombo clásico miyuki que llevo haciendo desde hace años y que siempre vuelve a mí cuando quiero reconectar con lo esencial.
No buscaba una colección grande, solo quería crear algo que me recordara por qué empecé a tejer joyas: por la calma de las manos, por los colores, por el placer de hacer algo bonito despacio.
Cuando vi el primer par terminado, supe que tenía nombre.
Para quien disfruta de los detalles
Esta colección es para las que se fijan en lo pequeño: en cómo un color encaja con otro, en cómo una joya cambia un día normal, en cómo las cosas hechas a mano llevan un ritmo distinto. Portitxolet no quiere ser perfecta. Quiere ser tuya.
¿De qué color te imaginas tu Portitxolet ideal?
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